domingo, 10 de febrero de 2019



HIPERPATERNIDAD: SOBREPROTEGER A LOS HIJOS ES DESPROTEGERLOS
En el siglo XXI el modelo de crianza ha cambiado radicalmente: los hijos se han convertido en el centro absoluto de las familias, con unos padres dispuestos a «darles todo» para conseguir una generación perfecta que la sociedad parece demandar. Y hoy quienes ejercen una crianza basada en estar siempre encima suyo, anticipándose a sus deseos y resolviéndoles todos sus problemas.
Image result for padres sobreprotectoresLo que hoy debemos buscar es una paternidad y una maternidad más relajadas, con tiempo para estar en familia, sin mil planes ni actividades por delante. Con espacio para que los hijos jueguen —y, ¿por qué no?, aprendan a frustrarse, se aburran—. Para que prueben, se equivoquen y vuelvan a probar y adquieran responsabilidades y la necesaria autonomía para desenvolverse por la vida.
La HIPERPATERNIDAD tiene ingredientes como la estimulación precoz, mantenerlo constantemente en academias o las agendas sin espacios en blanco que no le permite poner a prueba sus habilidades blandas , la tolerancia cero a la frustración y los enfrentamientos con maestros que osen cuestionar las malcrianza del niño o la niña. 
Es por eso que hoy tenemos una generación caracterizada, entre otros, por tener una bajísima tolerancia a la frustración y un miedo tremendo a equivocarse, a fallar.

la HIPERPATERNIDAD está destruyendo aspectos tan vitales en el desarrollo de los hijos como son la adquisición de autonomía, la capacidad de frustrarse, la capacidad del esfuerzo y el tiempo para jugar. También provoca familias estresadas y niños tan sobreprotegidos que, irónicamente, tienen más miedos que nunca.
En muchas familias los hijos e hijas están colocados en una especie de altar doméstico; se les rinde pleitesía, como si fueran seres omnipotentes, y se les hacer sentir especiales por el mero hecho de existir. Parece que para ser buenos padres o buenas madres debamos hiperprotegerlos, evitarles la más mínima frustración, darles todo y defenderlos como fieras ante cualquier atisbo de crítica o juzgamiento.

Es por esa razón que nos convertimos en:
Image result for padres sobreprotectores1. padres rodillo (quienes allanan sus caminos para que no se topen con dificultades). 
2. padres guardaespaldas (progenitores extremadamente susceptibles ante cualquier crítica sobre sus hijos o, incluso, a que se les toque), 
3. padres-mánager (estamos diciendo lo que deben hacer)
4. madres-tigres (que con razón o sin razón pelean o defienden a sus hijos) 
5. padres-bocadillo (quienes con infinita paciencia, esperan al hijo, a que se digne a darle un bocado a la comida)

— Sobreproteger es desproteger. La educación es un proceso a largo plazo y, en parte, se basa en dejar ir, ya que uno de sus objetivos debería ser la adquisición de autonomía de los hijos, algo fundamental.
— En la crianza, los límites son tan importantes como el afecto: uno no es un mal padre, ni un dictador, por decir «no» de vez en cuando; al revés.
— La baja tolerancia a la frustración no es una enfermedad crónica: el tolerar la frustración puede entrenarse y va a ser muy útil, porque la vida está salpicada de pequeñas y grandes frustraciones.
— Ser feliz requiere carácter. Y para ello, los hijos no solo se necesitan conocimientos académicos y un aluvión de «experiencias mágicas», sino habilidades como son la valentía, la empatía y la curiosidad. Sin olvidar el tiempo para jugar, cada vez más escaso.
— A muchos padres y madres les encanta explicar, ya sea de forma explícita o disimulada, lo perfectos que son ellos y sus hijos. Evite creerlos y/o compararse y confíe: en usted y en sus hijos. Además, la perfección, en las personas , no existe.

Todos amamos y deseamos proteger a nuestros hijos e hijas, sí, pero hay formas de ser unos buenos padres sin estar todo el día detrás de ellos y sacrificar aspectos tan valiosos en su desarrollo como son su adquisición de autonomía, su responsabilidad y su tolerancia a la frustración.
Es por eso que los padres debemos reivindicar una “sana desatención”: relajarse un poco, empezar a confiar en los hijos y dejarlos más a su aire. En conclusión: hay que apostar por educar personas, no hiperpaternidad.

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