lunes, 20 de octubre de 2014

¿Y QUIÉN PIENSA EN LOS PADRES?


Por: Roberto Lerner. 5 junio, 2014
Pero si hay cientos de miles de años, millones detrás nuestro. Procrear y criar, ¿no son acaso algo tan natural como caminar o hablar? Entonces, ¿por qué tanto libro, política pública, conferencia y recetas al paso alrededor de la crianza? ¿Qué puede haber de nuevo en un asunto tan antiguo?
Sí, tenemos la historia de la especie de nuestro lado. Estamos hechos para sintonizar con esos seres incipientes y desvalidos, para, en colaboración con otros miembros de la familia y la comunidad, ayudarlos a convertirse en reproductores y criadores.
Y, desde que vivimos en lugares fijos, los hemos provisto de un entorno que les dé conocimientos esenciales, hemos sido mentores de sus aprendizajes en distintos oficios, digamos que hemos cumplido nuestra parte del contrato a cambio de su participación en la fuerza de trabajo familiar y los contingentes militares que defendían nuestras ciudades, reinos o países.
Nuestros hijos valían. Y valían en el presente. La contraprestación era evidente y en el ahora, temprano en sus vidas, alrededor del final de la niñez. Valor económico. Afectivo no tanto. Mucho amor excepcionalmente ya que se morían, como el resto pero con más frecuencia, por cualquier cosa. ¡Los antibióticos se impusieron a principios del siglo XX, no mucho después que los médicos comenzaran a lavarse las manos!
Además, tener hijos no era una elección, una opción como se dice ahora de casi todo, era… pues lo que se hacía nomás, rápido, poco tiempo después de estar maduro para la procreación. Venían, con o sin pan bajo el brazo. Y, bueno, los criábamos armados con la sabiduría de nuestros genes y las tradiciones de nuestros mayores.
Y, entonces, comenzamos a vivir más tiempo. No en todos los lugares ni sectores, pero, al mismo tiempo el periodo de aprendizaje se hizo más largo, lo que se debía aprender más complejo. Pasamos de súbditos a ciudadanos. Las opciones aumentaron y el ciclo vital se llenó de hitos y bifurcaciones. ¿Qué estudiar, dónde trabajar, en qué lugar vivir? Hasta que hombres y mujeres comenzaron también a preguntarse ¿casarse, tener hijos, en qué momento?
Y entre el momento en que uno ya podía fecundar o ser fecundado y el que eso sucedía, el lapso fue alargándose. Una década o más. Durante la cual se viajaba, se estudiaba más, se tenía parejas, una vida sexual activa aunque no reproductiva, una suerte de bufé degustación de experiencias variadas e interesantes.
Hasta que uno se decidía, como uno decide hacer una inversión, iniciar un proyecto. ¡Ya! ¡Listo para traer hijos al mundo! Ah, pero van a ser así y no asá porque los proyectos se planean, se estudian, se van armando con lo que uno lee, lo que uno ve, lo que uno escucha en conferencias. Nido X, colegio Y, universidad Z. Método de relajación tal para el embarazo, parto al estilo cual, mucha disciplina, amor firme, harta estimulación, taller de matemáticas precoces y seminario de improvisación circense. Para que sean inteligentes, asertivos, solidarios, ambiciosos, empáticos y, sobre todo, felices.
El contrato es, ahora, te adoro, te alimento, te preparo. Una inversión considerable de mi parte. En tiempo y dinero. Recibiré, de aquí a varios años, ¿qué? Bueno, tu felicidad, tú éxito. Pero ¿ahora? Mmm. Porque valor económico, ninguno. Aunque, eso sí, de infinito valor afectivo. ¡Cuántas expectativas, cuánta responsabilidad! ¡Hagan sus apuestas!
Pero, cuando ocurre, cuando se sale de la sala de partos y se regresa a casa. Atontados, con sentimientos encontrados, sin haber escuchado el anticipado coro de ángeles, sin habernos enamorado perdidamente y a primera vista de nuestro crío, cuando hay que decidir si el llanto es de hambre o dolor, cuando no se duerme o no se despierta… y uno se siente inútil, incapaz, insuficiente, muy solo.
Nada nos había preparado para eso. Nada, ni nadie. La privación de sueño, el cansancio acumulado, la irritabilidad. Y como sabemos, por experiencia, lo que es poder disponer de nuestro tiempo, elegir salidas, entre otras cosas propias de la adultez sin hijos, sentimos que se cuela la envidia, un cierto resentimiento, hasta la idea, dolorosa, de que nos han vendido gato por liebre.
Todo lo anterior, queridos lectores, es real. En muchos casos es producto de avances sociales indudables, de una democratización e ilustración encomiables. Y a pesar de ser real, no desmerece ni neutraliza la crianza como aventura trascendente. Pero se pierde de vista entre tanta atención prestada a los hijos como proyecto, a la misión de hacerlos de una determinada manera. Se pierde de vista lo que sienten los padres. Y si se identifica esos sentimientos, es para decirles que no deben tenerlos. Cuando necesitan que los escuchemos y escucharse entre ellos.

lunes, 3 de febrero de 2014

EL EDUCADOR DEBE SER EDUCADO




“ El educador debe ser educado”
Carlos Marx

La formación del docente, tanto del sistema escolarizado como del abierto y a distancia, es un reto permanente y una prioridad para responder a las demandas de su campo laboral, además para estar acordes con los avances científicos y tecnológicos. Es el proceso a partir del cual el profesor se prepara en una perspectiva multidisciplinaria, por medio de acciones formales e informales que contribuyen a su consolidación.

El carácter multidisciplinario contempla los fundamentos de su disciplina, además de los aspectos pedagógicos, didácticos, epistemológicos, tecnológicos, psicológicos, sociales, históricos, filosóficos, entre otros, que contribuyen a la formación del docente y que le permiten comprender mejor el fenómeno educativo para solucionar los problemas que surgen en la interacción con sus alumnos.

La docencia, como práctica intelectual y profesional, es de relaciones humanas. En este sentido, es indispensable una formación personal que conduzca a un cuestionamiento sobre sí mismo, sobre los deseos de poder y control en juego durante el desarrollo del ejercicio profesional: una formación permanente que permita analizar la trascendencia de la entrega educativa;  mediar ansiedades, angustias, placeres y displaceres, pero, sobre todo, comunicarnos con quienes comparten las mismas inquietudes y enfrentan los mismos problemas, ya que fuimos asignados o elegimos desempeñar la misma tarea de ser profesores.

El docente no puede ser extraño a las reflexiones generales de la vida ni a los problemas del presente. Si actúa únicamente por su destreza en el manejo de lo técnico, o en el sólo dominio de un campo específico, puede encerrar su acción en una pobreza de ideales o fines superiores.

El docente sabe y siente muchas cosas que justifican su quehacer.

Nada afecta tanto la acción educativa como el espíritu superficial de quien la impulsa. Como profesores tenemos un compromiso con la sociedad, con la institución, con los alumnos, pero ante todo, con nosotros mismos como profesionales y seres humanos.

Partimos del hecho de que nadie puede educar sin una base axiológica. Los programas de formación docente hacia el futuro, considerarán los valores individuales, básicos para la convivencia social, como son el respeto, la colaboración, la tolerancia, la democracia y la congruencia.

En ningún proyecto de formación puede faltar el equilibrio entre lo científico, lo social y lo tecnológico, con mayor énfasis en lo humanístico, que promueva los enfoques del conocimiento, los cuales contrarresten la influencia del racionalismo, que fomente el equilibrio entre lo teórico y lo práctico, entre lo intelectual y lo afectivo, que oriente la formación del ser humano en forma integral para la convivencia, para fortalecer la personalidad autónoma, creativa, reflexiva, crítica y colaborativa de los individuos.

Se concibe la formación como un proceso de la práctica social, mediante la cual los sujetos asimilan, transmiten, ensayan teorías y experiencias educativas con el propósito de transformarlas y compartirlas.
La docencia –el quehacer por excelencia del profesor– debe definirse, en un primer momento en qué consiste en general y, particularmente, en relación con la universidad.

Este quehacer se establece mediante un conjunto de relaciones con el conocimiento, con las instituciones, con la realidad social, con la política, la cultura, las ideologías y los valores.

Por lo tanto, la docencia resulta ser el punto de partida, la referencia permanente y la meta en la formación de profesores.

Entendemos por formación del profesor universitario el proceso intencionado y sistemático de creación de condiciones para la construcción del conocimiento y de establecimiento de relaciones, que posibiliten la teorización y transformación de dicha práctica.

La complejidad de la tarea que realiza el profesor, hace imposible construir con precisión un perfil o definición única. Consideramos que lo fundamental es, comprenderlo como un sujeto social, con potencialidad transformadora, lo cual nos permite, desde nuestro punto de vista, ampliar el concepto tradicional de docente como transmisor y difusor de la enseñanza, para insertarlo en la lógica de investigador, creador y alejarnos de las propuestas de formación inscritas en un modelo preestablecido.

En la actualidad se reconoce que en su figura se articula:

  • la imagen social de un papel
  • el concepto oficial que propone la institución a través de los currículos para el buen desempeño de su profesión,
  • y lo que el docente es en realidad.
Estos tres elementos interactúan de diversa manera, no siempre armónicamente, según las dependencias universitarias, las condiciones de trabajo, la normatividad, la trayectoria e identidad de los actores, lo cual hace imposible recurrir a una sola propuesta de formación docente, desde un solo paradigma o un deber ser.

Por el contrario, nos proponemos revisar y profundizar algunos conceptos necesarios que contribuyan en lo posible a la construcción del conocimiento, camino que puede conducirnos a la reflexión, la discusión y el reconocimiento de nuevas modalidades de formación y al mismo tiempo abrir nuevos campos de problematización.

Lo anterior demanda de la adecuada orientación y preparación que se desarrolle en el colectivo docente en cada escuela sobre las normativas y lineamientos de trabajo establecidos para conducir el proceso de formación de valores en la escuela. Lo que revela la necesaria existencia de un pensar axiológico consensuado y socializado entre los miembros del colectivo docente.

La época contemporánea está en constante cambio y transformación; en este sentido a la educación tiene el reto de formar a un hombre para que pueda enfrentar los cambios de manera creadora, activa, desarrolladora y protagonista de las transformaciones sociales en pro del progreso de la humanidad.

Psicológicamente, el estudio de la formación de valores no solo ocurre en el contexto educacional, pues experiencia, actividad y comunicación del individuo tienen lugar en un medio social; sin embargo, en el contexto escolar el estudiante pasa la mayor parte de su tiempo, en él ocurre un proceso educativo, planificado, organizado, dirigido conscientemente, con objetivos definidos y es donde los docentes adquieren conocimientos de las características de aquellos hacia los cuales se dirige la labor educativa.

Compilación del Mg. Wuilmer M. Alberca Córdova

miércoles, 15 de enero de 2014




CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN
POR
WALTER PEÑALOSA RAMELLA

La educación es un proceso de Hominización por que el hombre desarrolla sus capacidades y características propias del ser humano de manera que el proceso de hominización es hacer al hombre; para explicar Peñaloza señala como variables importantes en este proceso de hacer al hombre educar tomando en cuenta la alimentación, salud, motivación, dominio del lenguaje, el desarrollo de la autonomía personal, responsabilidad, espíritu inquisitivo acompañada de valores y creatividad.

La educación es un proceso de Socialización puesto que los seres humanos aprenden en grupo y no aislados debido a que generan relaciones sociales entre estudiantes y el grupo humano y entre los miembros adultos del grupo.

La educación es un proceso de Culturación porque es un proceso de ingreso a una cultura como consecuencia de la libertad y autonomía del que gozan los hombres y de su poder de creación, cada grupo humano construye una cultura Sui Generis, dentro de la cual inserta su vida y con la cual se siente amalgamado. Cada grupo humano puede tener su propio arte, ciencia, moral, religión, tecnología, normas jurídicas, organización social, política y económica, su propia lengua…etc.

Hominizar al hombre es lograr el desenvolvimiento de sus capacidades corporales, síquicas individuales, el apoderamiento de su lengua, su libertad, autonomía personal, capacidad inquisitiva, percepción de los valores y creatividad no es posible sino a través de la socialización (contactos vivenciales y relaciones con los demás y despertamiento individual al grado y ritmo de esas relaciones) y de la Culturación (Captación y comprensión de las creaciones culturales del grupo social). La Culturación no es posible sino dentro del grupo social y a base del fortalecimiento de la libertad, autonomía personal, creatividad y la aprehensión de los valores. Y la socialización no ocurre plenamente y con sentido al margen de la captación de las creaciones culturales y sin el despliegue de los rasgos personales de libertad, autonomía personal, creatividad y descubrimiento de los valores.

La educación refleja el estrecho enlace de estos tres términos por ello hominización, socialización y Culturación son tres procesos que mutuamente se suponen y mutuamente se refuerzan, la educación busca que los educandos se realicen como seres humanos, lo cual implica estimular su libertad y autonomía.

El hombre la sociedad y cultura para Peñaloza se rige por: la cultura, los valores y el significado de los objetos culturales, por la experiencia cultural, por las experiencias vivas, los jeroglíficos y símbolos, por la libertad, autonomía personal y valores.
la educabilidad es un proceso de culturación. ¿Por qué? La sociedad a la cual se incorpora una persona tiene una cultura y la persona no puede incorporarse solamente a la sociedad ignorando la cultura de esa sociedad, necesariamente asimila esa cultura, y este aspecto de la culturación creo que es el gran olvidado, casi todo “dictador” desde Platón hasta el momento actual, habla del desarrollo de la capacidad humana, se habla de muchas cosas, pero casi nadie toca el aspecto cultural, el único que hace poco ha trabajado ese tema a sido Vygotsky y lo ha subrayado fuertemente: “el maestro –dice- es un intermediario entre la cultura y el niño, y el maestro lo que hace es llevar la cultura al niño, él es intermediario”. En ese sentido rescata el papel del maestro, porque con las últimas modas o tendencias que ha habido, se ha querido minimizar el papel del maestro. El maestro simplemente, en los últimos tiempos, se le dice que es un “facilitador” dentro del “constructivismo” es un “facilitador” en el sentido pleno, él no debe decir nada nuevo a los muchachos, "el muchacho –se dice- construye su conocimiento", pero es evidente que el maestro no se limita simplemente a presentar para que el alumno construya, el maestro realmente va mucho más allá de eso, es una persona que estimula, que fomenta, que incentiva, que saca a luz cosas que el alumno no había visto, entonces, el maestro es más que un facilitador, y ese papel lo subraya bien Vygotsky cuando dice que el maestro es el intermediario, pero fuera de él muy pocos han tocado este tema de la cultura.
Los últimos tiempos, si lo han tomado David Ausubel, Jerome Brunner, Jean Piaget  Roberto Gagné, he ahí la parte de la cultura que toma la escuela, como ahí viviera sordo, a lo mucho su familia pero nada más, entonces esta atenta visión es el que más importancia tiene, todos ellos en parte pero este aspecto es fundamental y es el que ha sido sistemáticamente olvidado casi por todos los que han hablado de educación, por eso creo que en la educación genérica tres fases, tres facetas más que nada el maestro, el centro educativo tienen que preocuparse de las tres cosas: desarrollar capacidades, insertar a la persona en el grupo social no quiere decir someter a la persona al grupo social sino significa que ingresa al grupo social con igual respeto y con iguales derechos, y eso, por ejemplo aquí en el Perú no es como en España saliendo de la educación.