viernes, 6 de diciembre de 2013

FOTOGRAFIAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN Y DESARROLLO

 Dr TOBON- Dr CARLOS ALVAREZ- Dra VIRGINIA- VITALI- Dra ANGELA- WUILMER-CAYATOPA-ULISES-CASTILLO
Dr ALVAREZ- Dra VIRGINIA-Mg.JUANA ROSA- WUILMER
LA PROMOCIÓN DE DOCTORADO

jueves, 19 de septiembre de 2013



SE NECESITA CAMBIOS EN LA PRÁCTICA PROFESIONAL DE LOS MAESTROS UNIVERSITARIOS

       Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si actualmente se desarrollan propuestas de formación permanente que permitan al profesorado universitario y de los pedagógicos  responder a las principales contingencias existentes en la educación superior. más aún cuando se piensa que un número importante de profesionales que ejercen la docencia en la universidad no han hecho una especialización pedagógica. A esto se suman algunos antecedentes que indican que al contrastar las concepciones de enseñanza de docentes universitarios, con las de  maestros y profesores de otros niveles educativos, éstas difieren, ya que los primeros  no suelen asumirse como enseñantes, sino más bien como profesionales expertos en un ámbito disciplinar específico. Se espera que, en su rol de profesor, el docente universitario posea las competencias para desarrollar metodologías activas de enseñanza e incluya una evaluación formativa clara  y coherente con los objetivos de aprendizaje. En particular, dentro de esta expectativa se  considera además que antes de realizar su asignatura, el profesor planifique las experiencias de enseñanza y aprendizaje, las que luego deberá motivar, evaluar y retroalimentar,  entre otros aspectos esperables de su desempeño (Benito y Cruz, 2005). 

Considerando  los requisitos aquí planteados, y que la docencia es una tarea compleja y contextualizada,  cabe preguntarse nuevamente si la formación permanente en la docencia universitaria  ofrece las posibilidades para responder a los desafíos detallados en un contexto local, regional, nacional y mundial,  más aún cuando dentro de la sala de clases (y a veces fuera de ella) el profesional está  ejerciendo un rol como profesorque lo responsabiliza (como humano y como profesional) de las situaciones y relaciones  construidas para que otros aprendan.

En el ámbito universitario resulta habitual que los profesores se desempeñen en  distintos roles los cuales pueden ser complementarios o conducirse por líneas paralelas.  de esta manera, se comprende que el profesor se movilice en un continuo de tareas asignadas, como profesional experto, docente, investigador y/o gestor. En la interacción  de estos roles resulta esperable que algunos tengan mayor importancia y espacio, dependiendo de la institución, los intereses y experiencias del profesor; sin embargo, es  sabido que tradicionalmente las instituciones de educación superior han privilegiado el  papel de investigador (irrelevante) .

Si tenemos claro que la docencia en general –y la universitaria con mayor razón tiene que ir más allá de la clase magistral deben abrirse nuevas alternativas para que  el profesor tenga un rol protagónico en su propia formación, puesto que tal como sus  alumnos al enfrentarse al reto de aprender será él quien deberá ocupar un rol activo en la revisión y construcción de sus aprendizajes.

Los docentes universitarios en la mayoría no estan formados para gestionar el conocimiento, la causa es el sistema que no tiene claro el perfil de docente universitario que debería incluir estudios pedagógicos en las facultades de educación y en los Institutos de Educación Superior Pedagógica como parte de su formación profesional.

El profesor universitario al realizar su clase enfrenta un escenario muchas veces incierto, en el cual pone en juego su experiencia para dar respuesta a desafíos y demandas que con cierta frecuencia son imprevistas. La respuesta del docente es creer que lo sabe todo y colocar a nivel de disco duro al estudiante.
Desde una mirada más bien crítica puede señalarse que una formación genérica no será suficiente para alcanzar una explicitación y un camino para la transformación, puesto  que muchas veces no ofrecerá un andamiaje, un contexto, ni supondrá una evolución en  las actuaciones y concepciones. Si bien es cierto la reflexión podría ser un primer paso  en un trabajo de formación docente, su uso no asegurará un proceso de transformación en el conocimiento, en las representaciones y las prácticas. Para esto se cree necesario  un trabajo personal situado, un modelo referencial y una revisión de las propias teorías  implícitas acerca de enfoques, roles y otros constructos que influyen en las respuestas o  actuaciones del profesor en el aula. Esto supondrá la apertura tanto hacia el uso de las  habilidades cognitivas como sociales, comunicativas y emocionales de los docentes, sin  dejar de lado que este profesional debe ser además un experto en contenidos, procesos,  metodologías, en sus alumnos y sí mismo. 
Incentivar el desarrollo del conocimiento profesional y de las habilidades requeridas  en la docencia implica dejar atrás una concepción rígida, homogénea y descontextualizada  de la formación, orientándola hacia un enfoque diversificado y auténtico, que repercuta en  la práctica docente y en las posibilidades de éxito de los enseñantes y sus aprendices.

Es una verdad incómoda que para ser docente universitario no existe una facultad o isntituto pedagógico que forme o entrege un título de profesor universitario; pero está en manos de cada universidad crear/imcorporar a  los perfiles la pedagogía como requerimiento  para la gestión del conociemiento en el el proceso de la educación superior univesitaria.