“ El educador debe ser educado”
Carlos Marx
La formación del docente, tanto
del sistema escolarizado como del abierto y a distancia, es un reto permanente
y una prioridad para responder a las demandas de su campo laboral, además para
estar acordes con los avances científicos y tecnológicos. Es el proceso a
partir del cual el profesor se prepara en una perspectiva multidisciplinaria,
por medio de acciones formales e informales que contribuyen a su consolidación.
El
carácter multidisciplinario contempla los fundamentos de su disciplina, además
de los aspectos pedagógicos, didácticos, epistemológicos, tecnológicos,
psicológicos, sociales, históricos, filosóficos, entre otros, que contribuyen a
la formación del docente y que le permiten comprender mejor el fenómeno
educativo para solucionar los problemas que surgen en la interacción con sus
alumnos.
La
docencia, como práctica intelectual y profesional, es de relaciones humanas. En
este sentido, es indispensable una formación personal que conduzca a un
cuestionamiento sobre sí mismo, sobre los deseos de poder y control en juego
durante el desarrollo del ejercicio profesional: una formación permanente que
permita analizar la trascendencia de la entrega educativa; mediar
ansiedades, angustias, placeres y displaceres, pero, sobre todo, comunicarnos
con quienes comparten las mismas inquietudes y enfrentan los mismos problemas,
ya que fuimos asignados o elegimos desempeñar la misma tarea de ser profesores.
El
docente no puede ser extraño a las reflexiones generales de la vida ni a los
problemas del presente. Si actúa únicamente por su destreza en el manejo de lo
técnico, o en el sólo dominio de un campo específico, puede encerrar su acción
en una pobreza de ideales o fines superiores.
El
docente sabe y siente muchas cosas que justifican su quehacer.
Nada
afecta tanto la acción educativa como el espíritu superficial de quien la
impulsa. Como profesores tenemos un compromiso con la sociedad, con la
institución, con los alumnos, pero ante todo, con nosotros mismos como
profesionales y seres humanos.
Partimos
del hecho de que nadie puede educar sin una base axiológica. Los programas de
formación docente hacia el futuro, considerarán los valores individuales,
básicos para la convivencia social, como son el respeto, la colaboración, la
tolerancia, la democracia y la congruencia.
En ningún
proyecto de formación puede faltar el equilibrio entre lo científico, lo social
y lo tecnológico, con mayor énfasis en lo humanístico, que promueva los
enfoques del conocimiento, los cuales contrarresten la influencia del
racionalismo, que fomente el equilibrio entre lo teórico y lo práctico, entre
lo intelectual y lo afectivo, que oriente la formación del ser humano en forma
integral para la convivencia, para fortalecer la personalidad autónoma,
creativa, reflexiva, crítica y colaborativa de los individuos.
Se concibe
la formación como un proceso de la práctica social, mediante la cual los
sujetos asimilan, transmiten, ensayan teorías y experiencias educativas con el
propósito de transformarlas y compartirlas.
La docencia –el quehacer por excelencia del profesor– debe definirse, en un primer momento en qué consiste en general y, particularmente, en relación con la universidad.
La docencia –el quehacer por excelencia del profesor– debe definirse, en un primer momento en qué consiste en general y, particularmente, en relación con la universidad.
Este
quehacer se establece mediante un conjunto de relaciones con el conocimiento,
con las instituciones, con la realidad social, con la política, la cultura, las
ideologías y los valores.
Por lo
tanto, la docencia resulta ser el punto de partida, la referencia permanente y
la meta en la formación de profesores.
Entendemos
por formación del profesor universitario el proceso intencionado y sistemático
de creación de condiciones para la construcción del conocimiento y de
establecimiento de relaciones, que posibiliten la teorización y transformación
de dicha práctica.
La
complejidad de la tarea que realiza el profesor, hace imposible construir con precisión
un perfil o definición única. Consideramos que lo fundamental es, comprenderlo
como un sujeto social, con potencialidad transformadora, lo cual nos permite,
desde nuestro punto de vista, ampliar el concepto tradicional de docente como
transmisor y difusor de la enseñanza, para insertarlo en la lógica de
investigador, creador y alejarnos de las propuestas de formación inscritas en
un modelo preestablecido.
En la
actualidad se reconoce que en su figura se articula:
- la imagen social de un papel
- el concepto oficial que
propone la institución a través de los currículos para el buen desempeño
de su profesión,
- y lo que el docente es en realidad.
Estos
tres elementos interactúan de diversa manera, no siempre armónicamente, según
las dependencias universitarias, las condiciones de trabajo, la normatividad,
la trayectoria e identidad de los actores, lo cual hace imposible recurrir a
una sola propuesta de formación docente, desde un solo paradigma o un deber
ser.
Por el
contrario, nos proponemos revisar y profundizar algunos conceptos necesarios
que contribuyan en lo posible a la construcción del conocimiento, camino que
puede conducirnos a la reflexión, la discusión y el reconocimiento de nuevas
modalidades de formación y al mismo tiempo abrir nuevos campos de
problematización.
Lo anterior demanda de la adecuada
orientación y preparación que se desarrolle en el colectivo docente en cada
escuela sobre las normativas y lineamientos de trabajo establecidos para
conducir el proceso de formación de valores en la escuela. Lo que revela la
necesaria existencia de un pensar axiológico consensuado y socializado entre
los miembros del colectivo docente.
La época contemporánea está en constante
cambio y transformación; en este sentido a la educación tiene el reto de formar
a un hombre para que pueda enfrentar los cambios de manera creadora, activa,
desarrolladora y protagonista de las transformaciones sociales en pro del
progreso de la humanidad.
Psicológicamente, el estudio de la formación
de valores no solo ocurre en el contexto educacional, pues experiencia,
actividad y comunicación del individuo tienen lugar en un medio social; sin
embargo, en el contexto escolar el estudiante pasa la mayor parte de su tiempo,
en él ocurre un proceso educativo, planificado, organizado, dirigido conscientemente,
con objetivos definidos y es donde los docentes adquieren conocimientos de las
características de aquellos hacia los cuales se dirige la labor educativa.
Compilación del Mg. Wuilmer
M. Alberca Córdova
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