URGE ENSEÑAR DESDE LA COMUNIDAD
La educación en el proyecto de la modernidad ha ocupado un lugar central en la expansión del pensamiento de la cultura occidental hacia los territorios conquistados. Su misión fundamental fue naturalizar el saber moderno y sustituir los saberes tradicionales, su antitesis. Para ello, los estados-nación emergentes asumieron políticas educativas centradas en las ideas de progreso, libertad, igualdad y desarrollo las cuales fueron llevadas a la práctica en mediación principal por las instituciones educativas tanto publicas como privadas, en primera instancia, para normalizar las relaciones entre el sujeto educado y los estadios superiores de los poderes políticos y económicos instituidos. Es decir, los estados se consolidan en y por el proyecto letrado sobre la base de laconstrucción de un ciudadano moderno garante de una sociedad construida a imagen y semejanza de la cultura metropolitana, su deudora por imposición.
Es en este discurrir histórico donde las culturas locales han sido desplazadas e hibridadas por la penetración de saberes ajenos al proyecto originario amerindio, truncado hace más de 500 años mediante una feroz violencia física y epistémica (Bohórquez, 1988), que a la luz de estos tiempos muestran como resultante las consecuencias de la erosión de sus culturas, cuyo peligro de extinción aun no cesa al enfrentarse a la globalización, como la última metamorfosis de las modernidades. Y son las culturas rurales vistas como vestigios de atraso y barbarie las que a pesar de estar sumergidas en la pobreza material -junto con las indígenas- se constituyen en verdaderas guardianes de una rica sabiduría ancestral en sus capas culturales profundas que amerita la urgente necesidad de ser reconstruidas y revalorizadas como mecanismo cultural para tomar postura con rasgos propios y pie firme ante el proceso homogenizador de la globalización.
Cabe reflexionar en base a ¿Cómo se forman los profesionales que laboran en las comunidades rurales?; ¿Cómo son educados los niños campesinos?; ¿Qué lugar ocupan los saberes locales en la educación rural? y; ¿Cómo lograr darles status académico a los saberes locales?. A modo de respuesta se dice que los saberes locales, de acuerdo a estudios realizados por el Programa Andino de Tecnologías Campesinas (PRATEC) en el Perú (1998), siguen un proceso inductivo en su construcción, paradójicamente similar al conocimiento científico positivista, pero que a diferencia de éste no parcializa la realidad para generalizarla por sus regularidades sino que forma estructuras fuertemente imbricadas por complejas interacciones entre los elementos contextuales naturales, humanos, sociales, espirituales y culturales. Es allí donde existe la gran diferencia entre estas dos formas de saberes que, en suma, representan dos cosmovisiones divergentes sobre la forma de ver el mundo.
En el ámbito educativo estas dos cosmovisiones se reproducen en forma diametralmente opuestas: La moderna es enseñada por programas de estudio escolarizados y operacionalizados a través de la escuela en mediación obligada del lenguaje escrito y; la local es enseñada y recreada socialmente en el diario vivir con la familia y con los vecinos mediante el uso exclusivo de las oralidades y la memoria individual y colectiva.
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