viernes, 10 de agosto de 2012


URGE ENSEÑAR  DESDE LA COMUNIDAD

La educación en el proyecto de la modernidad ha ocupado un lugar central en la expansión del  pensamiento de la cultura occidental hacia los territorios  conquistados. Su misión fundamental fue naturalizar el saber moderno y sustituir los saberes tradicionales, su antitesis. Para ello, los estados-nación emergentes asumieron políticas educativas centradas en las ideas de progreso,  libertad, igualdad y desarrollo las cuales fueron llevadas a la práctica en mediación principal por las instituciones educativas tanto publicas como privadas, en primera instancia,  para normalizar las relaciones entre el sujeto educado y los estadios superiores de los poderes políticos y económicos  instituidos. Es decir, los estados se consolidan  en y por el proyecto letrado  sobre la base de laconstrucción de un ciudadano moderno garante de una sociedad  construida a imagen y semejanza de la cultura  metropolitana, su deudora por imposición.
Es en este discurrir histórico donde las culturas locales han sido desplazadas e hibridadas por la penetración de saberes ajenos al proyecto originario amerindio, truncado hace más de 500 años mediante una feroz violencia física y epistémica (Bohórquez, 1988), que a la luz de estos tiempos  muestran como resultante las  consecuencias de la erosión de sus culturas, cuyo peligro de extinción aun no cesa al enfrentarse a la globalización, como la  última metamorfosis de las modernidades. Y son las culturas rurales vistas como vestigios de atraso y barbarie  las que a pesar de  estar sumergidas en la pobreza material -junto con las indígenas- se constituyen en verdaderas guardianes de una rica sabiduría ancestral  en sus capas culturales profundas  que amerita la urgente necesidad de ser reconstruidas y revalorizadas como mecanismo cultural para  tomar postura con rasgos propios y pie firme ante el proceso homogenizador de la globalización.

Cabe reflexionar en base a ¿Cómo se forman los profesionales que laboran en las comunidades rurales?; ¿Cómo son educados los  niños campesinos?; ¿Qué lugar ocupan los saberes locales en la educación rural? y; ¿Cómo lograr darles status académico a los saberes locales?. A modo de respuesta se dice que los saberes locales, de acuerdo  a estudios realizados por el Programa Andino de Tecnologías Campesinas (PRATEC) en el Perú (1998), siguen un proceso inductivo en su construcción, paradójicamente similar al conocimiento científico positivista, pero que a diferencia de éste no  parcializa la realidad para generalizarla por sus regularidades sino que forma estructuras fuertemente imbricadas por complejas interacciones entre los elementos contextuales naturales, humanos, sociales, espirituales y culturales. Es allí donde existe la gran diferencia entre estas dos  formas de saberes que, en suma, representan dos cosmovisiones divergentes sobre la forma de ver el mundo.

 En el ámbito educativo estas dos cosmovisiones se reproducen en forma diametralmente opuestas: La moderna es enseñada por programas de estudio escolarizados y operacionalizados a través de la escuela en mediación obligada del lenguaje escrito y;  la local es enseñada y recreada  socialmente en el diario vivir con la familia y con los vecinos mediante el uso exclusivo de las oralidades y la memoria individual y colectiva.

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