jueves, 30 de agosto de 2012


LA IDENTIDAD: FINALIDAD DE LA EDUCACIÓN

Hoy un docente, o cualquier persona interesada por la educación, que quiera comprender lo que está aconteciendo en el mundo en el que vive y, sobre todo, que trate de acercarse a lo que afecta a la construcción de la identidad de los niños, las niñas y los adolescentes, no se puede limitar «a saber la asignatura» o a tener unos conocimientos de psicopedagogía. Si en todos los campos del saber, el problema de los límites y los deslizamientos es una cuestión que está a la orden del día; si vivimos en una sociedad de complejidades en la que por primera vez en la historia, nos encontramos con que el ciclo de renovación del conocimiento es más corto que el ciclo de la vida del individuo; si las identidades se configuran a base de fragmentos y emergencias, se requiere no sólo un replanteamiento absoluto del sistema educativo, sino apropiarnos de otros saberes y de otras maneras de explorar e interpretar la realidad. Saberes que ayuden a dar sentido a lo emergente y cambiante y a comprendernos a nosotros mismos y al mundo en el que vivimos, tanto al profesorado como el alumnando (desde la educación infantil a la universidad).
Es por esta razón que en la actualidad la escuela, el currículum, necesita entrar en una nueva narrativa que dialogue con la situaciones cambiantes que afectan tanto a los sujetos pedagógicos como a las relaciones sociales, las representaciones culturales y los conocimientos. La escuela no puede continuar basando su finalidad educadora en transmitir en un conocimiento disciplinar defendido por unos especialistas, que tal y como ha evidenciado (1999), buscan, sobre todo, legitimarse a si mismos y al tipo de visión del mundo que median y proyectan, sobre todo, en los libros de texto. Visiones que dejan al margen (excluyen) muchas cuestiones fundamentales (tanto en la vía del conocimiento como de las experiencias) que tienen un papel esencial en la comprensión y actuación sobre el mundo y en el conocimiento de sí mismo, de los niños, las niñas y los adolescentes.
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Vivimos en un mundo impregnado de permanentes procesos de identidad, aunque no sean siempre reconocibles, obvios o evidentes. Desde los fenómenos más simples, hasta los más dramáticos problemas internacionales, la identidad es una de las más sobresalientes expresiones de nuestra cultura.
El modo en que organizamos nuestras vidas, la forma en que nos vestimos, nuestras maneras de construir y modificar el entorno, los diversos trabajos que desempeñamos para ganarnos la vida, los valores y creencias, las maneras de relacionarnos con los otros, las narraciones sobre nuestras vidas e historias, por solo poner algunos ejemplos, están marcados por los procesos de identidad, tanto de las identidades individuales como de las colectivas. 
Es urgente renovar el currículo para integrar los saberes locales como mediadores del conocimiento entre la educación Estatal y la popular.

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