LA IDENTIDAD: FINALIDAD DE LA EDUCACIÓN
Hoy un docente, o cualquier persona
interesada por la educación, que quiera comprender lo que está
aconteciendo en el mundo en el que vive y, sobre todo, que trate de acercarse
a lo que afecta a la construcción de la identidad de los niños,
las niñas y los adolescentes, no se puede limitar «a saber la
asignatura» o a tener unos conocimientos de psicopedagogía. Si
en todos los campos del saber, el problema de los límites y los deslizamientos
es una cuestión que está a la orden del día; si vivimos
en una sociedad de complejidades en la que por primera vez en la historia,
nos encontramos con que el ciclo de renovación del conocimiento es
más corto que el ciclo de la vida del individuo; si las identidades
se configuran a base de fragmentos y emergencias, se requiere no sólo
un replanteamiento absoluto del sistema educativo, sino apropiarnos de otros
saberes y de otras maneras de explorar e interpretar la realidad. Saberes
que ayuden a dar sentido a lo emergente y cambiante y a comprendernos a nosotros
mismos y al mundo en el que vivimos, tanto al profesorado como el alumnando
(desde la educación infantil a la universidad).
Es por esta razón que en
la actualidad la escuela, el currículum, necesita entrar en una nueva
narrativa que dialogue con la situaciones cambiantes que afectan tanto a los
sujetos pedagógicos como a las relaciones sociales, las representaciones
culturales y los conocimientos. La escuela no puede continuar basando su finalidad
educadora en transmitir en un conocimiento disciplinar defendido por unos
especialistas, que tal y como ha evidenciado
(1999), buscan, sobre todo, legitimarse a si mismos y al tipo de visión
del mundo que median y proyectan, sobre todo, en los libros de texto. Visiones
que dejan al margen (excluyen) muchas cuestiones fundamentales (tanto en la
vía del conocimiento como de las experiencias) que tienen un papel
esencial en la comprensión y actuación sobre el mundo y en el
conocimiento de sí mismo, de los niños, las niñas y los
adolescentes.
El modo en que organizamos nuestras vidas, la forma en que nos vestimos, nuestras maneras de construir y modificar el entorno, los diversos trabajos que desempeñamos para ganarnos la vida, los valores y creencias, las maneras de relacionarnos con los otros, las narraciones sobre nuestras vidas e historias, por solo poner algunos ejemplos, están marcados por los procesos de identidad, tanto de las identidades individuales como de las colectivas.
Es urgente renovar el currículo para integrar los saberes locales como mediadores del conocimiento entre la educación Estatal y la popular.
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