viernes, 18 de marzo de 2016

CONECTADOS A LA TECNOLOGÍA, ¿DESCONECTADOS DE LA FAMILIA?

Celulares, computadoras, IPod’s, tabletas y demás dispositivos son cada vez más comunes en los hogares y hay algunos que hasta tienen uno o más por integrante de la familia. ¿Cómo afecta esto a la comunicación en casa?  Una postal común de nuestra época muestra a una familia tipo sentada a la mesa de un bar o de un restaurante, cada integrante conectado a su dispositivo electrónico y tan comunicados entre ellos como podrían estarlo si se encontraran en planetas diferentes. En el hogar, también es común que cada miembro de la familia esté “enchufado” a su pantalla y que no haya interacción con el resto.
Ésta y otras situaciones que se dan a diario nos hacen pensar si la tecnología es culpable de la falta de comunicación en la familia. Pero antes de demonizarla, analicemos un poco más, porque todo depende de cómo se utilice:
Por un lado, hay que tener en cuenta que, en ocasiones, la tecnología favorece la comunicación: por ejemplo, cuando padres e hijos están conectados a través del celular, cuando juegan un partido juntos en la “Play” o la “Wii”, o los chicos chatean con los adultos que están en el trabajo.
Por otro lado, hay que pensar que, cuando en una familia hay problemas de comunicación, conectarse a un dispositivo tecnológico puede ser la excusa, la consecuencia de una problemática familiar que así queda encubierta, más que la causa. Hay que preguntarse si esa familia tendría de qué hablar si se despejara la casa de objetos “tecno” …
Hoy creemos que son los Smartphone los que separan a la familia, pero en otra época era la televisión encendida a la hora de la cena o los adultos leyendo el diario e ignorando los llamados de atención de los chicos, con lo cual, hay que reflexionar acerca de que ninguno de estos dispositivos es malo en sí mismo sino que depende del uso que se haga de los mismos, de los límites que los adultos pongan estableciendo horarios y situaciones en los que se pueden usar o no y del cuidado que se tenga de preservar los espacios de encuentro, vínculo y comunicación familiar.
Ahora, si desde bebés se puso a los chicos frente al televisor varias horas al día para tenerlos entretenidos -porque esto es mucho más fácil que poner el cuerpo a las demandas de los chicos-, el niño puede ir aislándose en ese mundo de pantallas y esta falta de comunicación con el otro va a ser más que algo ocasional.
Entonces, si cada integrante de la familia está aislado y conectado un rato con un interés propio –puede ser con un dispositivo electrónico o no-, no hay por qué preocuparse siempre que haya otros momentos de vínculo y conexión. Pero si los integrantes de la familia pasan la mayor parte del tiempo que tienen para compartir enfrascados en sus dispositivos, cuando salen a hacer una actividad compartida están más atentos a su Facebook o Twitter que a disfrutar juntos el paseo y después acusan a la tecnología de generar esa incomunicación, habría que pensar si no se está poniendo el problema y la responsabilidad en el afuera.
Cuando de tecnología se trata, predicar con el ejemplo también es la clave. Así como en otros aspectos cotidianos, los chicos imitan el comportamiento de sus padres en el uso del celular, las redes sociales, etc. y por eso es importante estar atentos y evitar los malos ejemplos como:
Utilizar el celular u otro tipo de “pantalla” cuando no se debe: manejando, durante una comida en familia, en lugares donde hay que tenerlo apagado, etc. Para muchas personas, las pantallas se han convertido en objetos irresistibles, que hay que mirar o chequear continuamente, sin embargo, no suelen ser tantas las situaciones donde es realmente necesario hacerlo. Por eso, antes de utilizarlas indebidamente, vale la pena preguntarse si es urgente o si ese mensajito, llamado o mail pueden esperar y así preservar los momentos de encuentro, de charla, de mirarse a los ojos mientras se conversa y, también, prevenir accidentes.
Convertirse en un adicto a la tecnología: Si uno nota que Internet se ha convertido en una imperiosa necesidad, que ese jueguito que antes era un pasatiempo ahora ocupa varias horas del día, que bajó su rendimiento en el trabajo a causa de eso y que se pone mal humor, se angustia o siente ansiedad cuando no hay conexión, llegó el momento de actuar.
Ser claros no solo con las palabras sino con los hechos es clave para que los chicos reciban el mensaje correcto, sin interferencias, sepan qué es lo que está bien y lo que está mal y actúen en consecuencia. Porque decir una cosa y hacer otra no logrará más que confundirlos. 
Es cierto que muchas veces se hace difícil cumplir con esta premisa, pero no hay que dejar de intentarlo. Y cuando un hijo remarque esos errores con frases como “¿Y por qué yo tengo que hacer esto, si TU haces todo lo contrario?”, es fundamental reconocer que tiene razón y cambiar de actitud. En el caso específico de la tecnología, se puede invitar a los hijos a avisar cuando vean que uno está, por ejemplo, usando demasiado el celular y así ayudarse mutuamente a “desconectarse” un poco sin enojos ni discusiones.
Aceptar un error, no tomar una actitud defensiva ante los hijos, reconocer los propios límites y hacer algo al respecto es parte de ser humano, y es una de las claves para que los hijos se sientan más cercanos a sus padres, confíen en ellos, puedan hablar de lo que necesiten y los respeten como tal.
                                                                                       Tomado del libro “Los nuevos Padres”

Actividades
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·         Se podría abandonar la tecnología para poder comunicarnos mejor con los miembros de la familia (Argumente su respuesta)

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