Ésta y otras
situaciones que se dan a diario nos hacen pensar si la tecnología es culpable
de la falta de comunicación en la familia. Pero antes de demonizarla,
analicemos un poco más, porque todo depende de cómo se utilice:
Por un lado,
hay que tener en cuenta que, en ocasiones, la tecnología favorece la
comunicación: por ejemplo, cuando padres e hijos están conectados a través del
celular, cuando juegan un partido juntos en la “Play” o la “Wii”, o los chicos
chatean con los adultos que están en el trabajo.
Por otro
lado, hay que pensar que, cuando en una familia hay problemas de comunicación,
conectarse a un dispositivo tecnológico puede ser la excusa, la consecuencia de
una problemática familiar que así queda encubierta, más que la causa. Hay que
preguntarse si esa familia tendría de qué hablar si se despejara la casa de
objetos “tecno” …
Hoy creemos
que son los Smartphone los que separan a la familia, pero en otra época era la
televisión encendida a la hora de la cena o los adultos leyendo el diario e
ignorando los llamados de atención de los chicos, con lo cual, hay que
reflexionar acerca de que ninguno de estos dispositivos es malo en sí mismo
sino que depende del uso que se haga de los mismos, de los límites que los
adultos pongan estableciendo horarios y situaciones en los que se pueden usar o
no y del cuidado que se tenga de preservar los espacios de encuentro, vínculo y
comunicación familiar.
Ahora, si
desde bebés se puso a los chicos frente al televisor varias horas al día para
tenerlos entretenidos -porque esto es mucho más fácil que poner el cuerpo a las
demandas de los chicos-, el niño puede ir aislándose en ese mundo de pantallas
y esta falta de comunicación con el otro va a ser más que algo ocasional.
Entonces, si
cada integrante de la familia está aislado y conectado un rato con un interés
propio –puede ser con un dispositivo electrónico o no-, no hay por qué
preocuparse siempre que haya otros momentos de vínculo y conexión. Pero si los
integrantes de la familia pasan la mayor parte del tiempo que tienen para
compartir enfrascados en sus dispositivos, cuando salen a hacer una actividad
compartida están más atentos a su Facebook o Twitter que a disfrutar juntos el
paseo y después acusan a la tecnología de generar esa incomunicación, habría que
pensar si no se está poniendo el problema y la responsabilidad en el afuera.
Cuando de
tecnología se trata, predicar con el ejemplo también es la clave. Así como en
otros aspectos cotidianos, los chicos imitan el comportamiento de sus padres en
el uso del celular, las redes sociales, etc. y por eso es importante estar
atentos y evitar los malos ejemplos como:
Utilizar el
celular u otro tipo de “pantalla” cuando no se debe: manejando, durante una
comida en familia, en lugares donde hay que tenerlo apagado, etc. Para muchas
personas, las pantallas se han convertido en objetos irresistibles, que hay que
mirar o chequear continuamente, sin embargo, no suelen ser tantas las
situaciones donde es realmente necesario hacerlo. Por eso, antes de utilizarlas
indebidamente, vale la pena preguntarse si es urgente o si ese mensajito,
llamado o mail pueden esperar y así preservar los momentos de encuentro, de
charla, de mirarse a los ojos mientras se conversa y, también, prevenir
accidentes.
Convertirse
en un adicto a la tecnología: Si uno nota que Internet se ha convertido en una
imperiosa necesidad, que ese jueguito que antes era un pasatiempo ahora ocupa
varias horas del día, que bajó su rendimiento en el trabajo a causa de eso y
que se pone mal humor, se angustia o siente ansiedad cuando no hay conexión,
llegó el momento de actuar.
Ser claros no
solo con las palabras sino con los hechos es clave para que los chicos reciban
el mensaje correcto, sin interferencias, sepan qué es lo que está bien y lo que
está mal y actúen en consecuencia. Porque decir una cosa y hacer otra no logrará
más que confundirlos.
Es cierto que
muchas veces se hace difícil cumplir con esta premisa, pero no hay que dejar de
intentarlo. Y cuando un hijo remarque esos errores con frases como “¿Y por qué
yo tengo que hacer esto, si TU haces todo lo contrario?”, es fundamental
reconocer que tiene razón y cambiar de actitud. En el caso específico de la
tecnología, se puede invitar a los hijos a avisar cuando vean que uno está, por
ejemplo, usando demasiado el celular y así ayudarse mutuamente a
“desconectarse” un poco sin enojos ni discusiones.
Aceptar un
error, no tomar una actitud defensiva ante los hijos, reconocer los propios
límites y hacer algo al respecto es parte de ser humano, y es una de las claves
para que los hijos se sientan más cercanos a sus padres, confíen en ellos,
puedan hablar de lo que necesiten y los respeten como tal.
Tomado del libro “Los nuevos Padres”
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¿Cómo
crees que se podría armonizar el uso de la tecnología con la comunicación
familiar(argumentar)?
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Se podría
abandonar la tecnología para poder comunicarnos mejor con los miembros de la
familia (Argumente su respuesta)
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